DomPérignon + Cinco Jotas: las formas de la plenitud

Se trata de una nueva entrega con la que Dom Pérignon y Cinco Jotas reafirman el compromiso con sus ideales de excelencia. Photo by José Salto

El sello definitivo de toda tradición es la paciencia, concepto ineludible para DomPérignon y Cinco Jotas, dos marcas icónicas que nos llevaron a un viaje para hacernos custodios de todos los secretos que se ocultan tras la creación de dos de los productos de excepción más codiciados en todo el mundo

Para llegar a Jabugo, fue ideal estar primero en Sevilla. Sus estrechas calles llenas de historia, ricas en turistas y residentes ansiosos de momentos irrepetibles, eran el abreboca perfecto para arribar al destino que nos esperaba, un destino en el que también coexistían el pasado y el futuro en un presente singular. Estando allí, Jabugo ya resonaba en nuestros oídos como la tierra prometida y no precisamente por la abundancia en leche y miel, sino por su riqueza en una de las exquisiteces más aplaudidas en todo el mundo: el jamón de bellota 100% ibérico, indiscutible tesoro de este rincón de Huelva cuya fama radica, principalmente, en su personalidad propia, su sabor sublime y su historia, una larga historia de saberes ancestrales que aún persisten en el tiempo gracias al minucioso trabajo de preservación que con celo, entrega y respeto ha hecho Cinco Jotas –marca española líder en la creación de este producto– para lograr que cada pieza, por sí misma, sea la materialización íntegra de la excelencia.

No obstante, antes de encontrarse frente a frente con la perfección, hace falta haberla experimentado en carne propia. Por eso, para llegar a Jabugo a degustar este manjar de los dioses, también fue indispensable arropar nuestras papilas con las burbujas de una fuente divina, la fuente de DomPérignon P2 2000.

Sobre Cinco Jotas

Jamón de bellota 100% ibérico Cinco Jotas

El anfitrión

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Cuando llegamos a Jabugo, el protagonista era el jamón ibérico. Todos los caminos llevaban a él. Pero este protagonista era, a su vez, un universo paralelo cuya dependencia del tiempo lo favorecía y lo hacía responsable de que nuestros sentidos se doblegaran finalmente a su sabor. Es un universo que inicia con el cerdo ibérico, criado en hábitats naturales y finaliza con el suave paso del cuchillo en manos del maestro cortador, diestro en finos cortes que reducen el jamón a una delgada loncha que se deshace en nuestras bocas.

Para Cinco Jotas, ese universo –repleto de tradiciones, personas, historias y sabiduría– es sumamente importante porque constituye el alma de su producto estrella: el jamón de bellota 100% ibérico. La génesis de toda su magia transcurre en las dehesas de la marca, ubicadas en el Parque Natural de Sierra de Aracena y Picos de Arocha, donde cada cerdo recibe un cuidadoso seguimiento de su dieta, compuesta principalmente de bellotas que crecen en los miles de árboles alrededor y que son producto del constante control del ecosistema, control que también incluye a las distintas hierbas que revisten el campo y que también forman parte esencial de la alimentación de cada animal. Una vez que los ejemplares están listos, siguen meses de preparación en las instalaciones de la marca ubicadas en Jabugo, donde cada pieza de jamón obtenida se somete a una serie de procesos especializados inalterados desde 1879: perfilado, salazón y secado en manos de expertos en cada uno de estos oficios, responsables de retirar la cantidad exacta de grasa, de calcular el nivel de sal correcto y de garantizar que la temperatura y la humedad en cada pieza sean las fundamentales.

Finalmente, llega a manos del maestro bodeguero, quien vigila diariamente cada pieza y el maestro calador, cuya nariz privilegiada dará el juicio definitivo para considerar, a cada paleta, digna de sus comensales.

Para Cinco Jotas, ese universo es sumamente importante porque constituye el alma de su producto estrella: el jamón de bellota 100% ibérico. Photo by José Salto

Sobre Dom Pérignon

Dom Pérignon P2 2000

El huésped sagrado

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La perfección es una condición divina que Dom Pérignon conoce muy bien. Cada una de sus botellas contiene el néctar sagrado de los 17 Grands crus–pueblos donde se producen las mejores uvas– existentes en la región de Champagne, Francia. Al mismo tiempo, cada botella es fiel representante de las mejores añadas, una característica que clasifica a la marca como vintage only, ya que Dom Pérignon solo produce en los mejores años.

Pero el acto creativo no culmina allí. Las botellas que han visto la luz se añejan por una media de 8 años, tiempo en el que el champagne alcanza esa primera plenitud que sirve de base para el siguiente peldaño: la segunda plenitud.

En ese punto, el tiempo, una vez más, es la deidad responsable del prodigio: P2 2000, la segunda plenitud de Dom Pérignon que nos ha acompañado en este viaje y que es el resultado de 16 años de maduración, tiempo necesario en el que su singular añada –marcada por la sucesión de periodos fríos y lluviosos y periodos cálidos y borrascosos– alcanzó esa ventana de expresión que la firma define como el punto cumbre de sus sabores y aromas. Una nueva entrega con la que Dom Pérignon reafirma el compromiso con sus ideales de excelencia, no solo técnica sino espiritual, en una búsqueda incansable por mantener su singularidad.

Este material acerca de Dom Pérignon y Cinco Jotas fue publicado en “Deferred Pleasures”, la 5ta Edición Impresa de LUSTER Magazine

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José Vicente Henríquez

José Vicente Henríquez

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