Douglas Bermúdez: “En el rostro confluyen lo libidinal y lo ético”

Autorretrato Douglas Bermúdez

Ganador del 3er Premio en el Primer Salón de Jóvenes Artistas MACZUL, el zuliano explora el alma humana a partir de sus retratos

Su espíritu existencialista lo hace reflexionar hasta sobre su propio nombre, que en español se pronuncia Duglas y en inglés Doglas. Para él, esa ambivalencia nominal tiene un significado, porque siempre nombra lo que le falta, porque lo completo no atina a ser nombrado y esa incompletud tiene cierta falta de verdad. Nació en 1977, en Maracaibo, estado Zulia, con la multidiversidad cultural en las venas y rodeado de arte, hijo de la escultora Irma Parra y del pintor Henry Bermúdez, quienes se conocieron en la Escuela de Arte Julio Árraga, donde luego él estudió. Desde niño, el arte, en su forma más compleja, estuvo presente.

Autorretrato con ojos cerrados. Douglas Bermúdez

Mi infancia transcurrió en una casa con jardín en la zona sur de la ciudad, arboles frondosos que brindaban una sombra generosa, recuerdo una mata de limón y un helecho enorme, jugaba mucho en la tierra, carreteras, castillos y esas cosas de niños. Teníamos un perro cariñoso llamado Peluche y otro espantoso que se llamaba Rocky. Mi niñez estuvo marcada por viajes, a los tres meses de nacido me llevaron a México, a los seis años, a Nueva York y a los ocho, a Roma. Siempre regresábamos. Los aromas todavía me teletransportan, uno vive muchas vidas cuando la memoria te sorprende. 

Mía. Douglas Bermúdez

Recuerdo los días de mi infancia como largos, marcados por una espera incesante, mi madre daba clases de Escultura en una institución cultural en horario de la tarde y llegaba en la noche. Había cierta aprensión en no quedarme dormido sin verla. Mi padre pintaba todo el tiempo, me gustaba verlo sin que él se diera cuenta.

Retrato cándido de Baselitz. Douglas Bermúdez

En su estudio había un reproductor de música y yo esperaba a que él terminara de pintar para colocar mi cassette de Timbiriche. En las mañanas, antes de irme al colegio, entraba en su cuarto, cuando todavía dormía, para colocarme un poco del perfume que él usaba. Era mi amuleto, una forma de hacerme grande. 

Turca. Douglas Bermúdez

En mi casa siempre ha habido muchos libros, muchos de arte y casi siempre en otro idioma. Así que ocupaba mucho tiempo en ver libros que no podía leer, imágenes cerradas para mí… Aunque hubo una en particular: el cuadro La violación, de Rene Magritte, que todavía me marca como la primera vez que lo vi…

No hay nada más pesado que las explicaciones de un artista. A veces es como un estrépito en cadena, un choque entre ciclistas Douglas Bermúdez

 

Valentina y la extraña luz. Douglas Bermúdez

Mi casa fue un lugar de encuentro de muchos artistas amigos de mis padres. Allí conocí de cerca la ambición y la ironía, el fracaso de la palabra frente a la distancia evanescente de la utopía. Los artistas acostumbramos a hablar mucha paja y siempre escondemos el grano, porque es poco. No hay nada más pesado que las explicaciones de un artista. A veces es como un estrépito en cadena, un choque entre ciclistas. 

Lo que consume. Douglas Bermúdez

Comenta Douglas que el final de su infancia fue muy musical. Evoca de esa época evoca Sonográfica y la deuda moral que a su juicio tiene el país con ese sello disquero. También la voz de Carlos Eduardo Troconis (Cayayo), el fallecido vocalista y guitarrista de la banda Sentimiento Muerto, de quien dice debería tener su propia plaza pública, su propia sala de conciertos. Respecto a los sonidos de su tierra tiene una postura que pudiera leerse como una confrontación de sentimiento vivo.

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Elena y el amor indiferente. Douglas Bermúdez

La gaita siempre me ha parecido que está cargada de una melancolía cobarde. Personalmente me parece como un fado portugués que no tiene la valentía de asumir el barranco de la tristeza. El furruco y la tambora retumban en el bajo vientre, remueven las vísceras. 

Douglas Bermúdez

Armando Reverón es un lugar recurrente para mí, porque revienta todo paradigma Douglas Bermúdez

Marcado por todas estas referencias, y con una genuina vocación por el dibujo, Douglas decide estudiar en el Instituto Superior de Artes Plásticas Armando Reverón. La literatura se sumaba a su marco referencial y marcaba su trazo con letras de los llamados poetas malditos: Baudelaire, Rimbaud y el trabajo del venezolano Arnaldo Acosta Bello. En materia de plástica es en la obra de Reverón en la que encuentra un idioma en común y también un referente fijo.

Douglas Bermúdez

Corría 1995, una época de la que Douglas recuerda la efervescencia cultural, con encuentros como los del Salón Pirelli y las grandes exposiciones en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, que para ese entonces traía autores como Christian Boltanski, entre muchos otros.

Un libro de Arnaldo Acosta Bello me acompañó por un tiempo, pinté cuadros bajo su sombra. Una novia que me dejó se llevó ese libro y otros tantos. Los abandonos te hacen ligero. Fue un tiempo basto, pleno y profundo al mismo tiempo. Se trataba de manejar la cultura desde su raíz: un lugar de cuido, de cultivo.

Los profesores fueron los mejores y tuvieron un lugar donde pudieron desplegar sus ideas e intenciones: Luis Eduardo Cabrera, Sandra Pinardi, Consuelo Méndez, Luis Enrique Pérez Oramas, Manuel Espinoza, Luis Lizardo, Ricardo Benaim, Antonieta Sosa e Ina Vainova fueron frondosos en el saber y cobijaron, con atención, cada palabra, cada gesto, cada trazo que les mostrábamos, como resultado de esa simbiosis emocionante.

A la par, recibíamos clases de Ópera Clásica y lecturas de Whitman, Walter Benjamin, Kavafis, Heidegger y los clásicos griegos, sin dejar de lado el oficio más noble y puro de la pintura.

El punto es que Reverón es un lugar recurrente para mí. Porque revienta todo paradigma. Porque, si uno está perdido sondeando los referentes que nos designan, Reverón lo tenía muy claro y lo abordaba con una embestida de torero y, a la vez, con un respeto de predicador religioso fervoroso. Es una cosa inaudita en el mundo de la cultura. 

Douglas Bermúdez

La obra de Douglas podría describirse como un recorrido que parte del autorretrato y ahonda en los rostros anónimos, con una inherente búsqueda de la propia identidad, con una dosis de inspiración que puede girar sobre sí mismo o partir de la obra de quienes siente como su influencia más directa. En ese universo están El perro de Goya que, dice haberle servido para representar su deseo en una sesión de análisis lacaniano, las arañas de Louise Bourgeois y los cuadros de Frank Auerbach, que vio a temprana edad y un libro con pinturas de Balthus.

Creo que todo lo que hace un artista es autorretratarse, con mayor o menor sinceridad, pero siempre es un autorretrato Douglas Bermúdez

Asumo que, por insistencia y repetición, ellos son mis influencias, pero siento que miento… Creo que todo lo que hace un artista es autorretratarse, con mayor o menor sinceridad, pero siempre es un autorretrato.

Puedo nombrarte dos individuales que tuvieron una gran diferencia, en el 2003 hice Tanatorio, una muestra de formatos muy grandes y con mucha fuerza e intensidad. En 2011, hice una modesta y casi íntima individual que se llamó Emanaciones, que giraba en torno al hecho de mi recién inaugurada paternidad. Creo que el arte sirve para eso, para hacerse preguntas sobre la vida y la muerte, más allá del objeto artístico como tal.

Y creo que en el rostro confluyen dos escenarios bien complejos, con los recuerdos de mi infancia lo vengo anunciando: lo libidinal y lo ético, como un lugar de inevitable fuerza y verdad. La verdad es silencio, abordar la verdad desde la palabra es engañoso (siempre te vas a mentir y vas a perder una mano). Y la verdad es ineludible como la atracción sexual, como la belleza y potencia de un cuerpo amado. Creo que si le quitamos algunos fantasmas, hemos atinado con el encuentro de la palabra amor.

Fuera del esfuerzo que implica preparar las piezas para una muestra, Douglas, desde hace varios años, imparte clases en la Facultad Experimental de Artes de La Universidad del Zulia (LUZ). Ese es su presente. Fuera de sus cátedras se dedica, en este momento, a coser su propio rakusu, implemento que se utiliza para la ordenación de Bodisatva, en la práctica del budismo Sōtō Zen que practica. El futuro es sólo una palabra.

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Tengo unos cuantos años dedicándome a la docencia. Espero algún día saldar esa deuda maravillosa. Hace poco leí en alguna parte lo siguiente: Si quieres ser feliz un día, emborráchate. Si quieres ser feliz una semana, cásate. Si quieres ser feliz toda la vida, siembra un jardín. Cuando uno da clases se convierte en jardinero.

Recientemente encontré un material que me permite hacer dibujo a gran escala, lo estoy probando y creo que me resulta para una serie. También vengo recortando el rostro y usándolo tridimensionalmente probando en tela, madera y hierro. Ya veremos. Sigo jugando como un niño y hago arte. De visualizar algo, siempre se queda del lado de la paja y hago un esfuerzo, casi siempre, de cuidar el grano.  

Douglas Bermúdez

 @douglasbermudezp

 

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Pablo Blanco

Pablo Blanco

Comunicador Social UCV. Devoto de Hitchcock, Almodóvar, Allen y Madonna

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