Fifty shades freed: un tedioso romance venial

Foto: cincuentasombrasliberadas-pelicula.com

Un riesgo calculado, obsoleto y levemente tragicómico reside en Fifty shades freed, el film que cierra de la peor manera una trilogía destinada al olvido

Todo éxito editorial comienza con una anécdota: el consabido cuento de Dan Brown tropezando con una misteriosa carta sobre simbolismo, Stephenie Meyer soñando con Vampiros, Suzanne Collins obsesionada con la vida militar. Con 50 sombras de Grey, de la escritora británica E. L. James, ocurre lo mismo: cuenta la leyenda que un día, un grupo de lectura en Australia, se topó con el libro. Lo discutió, lo leyó por meses. Se enamoraron de la historia, el chisme corrió…y a la vuelta de un año, el libro — la trilogía más bien — se convirtió en un fenómeno editorial que devolvió a la palestra el género erótico y además, brindó a las fanáticas de las novelas románticas — porque 50 sombras de Grey es por encima de todo, un gran drama romántico — un nuevo héroe por el cual suspirar: Christian Grey. Así de veleidoso es el amor del público: olvidado Edward Cullen y sus sufrimientos, ahora tenemos a un misterioso millonario que en resumidas cuentas parece ser el nuevo objeto de deseo de toda esa gran fanaticada.

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El salto al cine resultó inevitable: la adaptación dirigida por Sam Taylor-Wood llegó al cine en  el 2015 con un resonante éxito de taquilla, lo que garantizó que la trilogía entera llegara a la pantalla grande en rápida sucesión. La última entrega cierra no solo la que se convirtió en una franquicia de éxito por derecho propio, sino también lo que pretendió ser una nueva mirada al romanticismo en nuestra época sin lograrlo. Con su historia endeble — reflejo moderado y levemente censurado de su versión literaria — y su poca consistencia argumental, Fifty shades freed (2018), de James Foley, se convirtió en un intento deslucido y pobremente logrado de construir una insinuante versión del tradicional thriller erótico sin llegar a otra cosa que una considerable decepción narrativa. Carente de brillo, chispa e incluso cierta perversidad imprescindible en el género erótico, Fifty shades freed cierra la historia de Anastasia Steele y Christian Grey con poca gracia, coherencia e incluso con poco interés narrativo.

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Claro está que el éxito extraordinario de la marca (las dos primeras películas sumaron desde su estreno la abultada cifra de casi 950 millones de dólares en taquilla) permitió a la tres películas regodearse en sus errores y desaciertos. Sin definir su ritmo ni tampoco su género (es difícil decir si la trilogía podría catalogarse como thriller con alto contenido sexual, romanticismo softcore o simplemente un experimento entre ambas cosas), el trío de películas cautivó a los lectores del libro y logró equilibrar la barata prosa de la E. L. James en algo parecido a un fenómeno trash sin demasiado realce. Hay un vacío enorme de significado, alegoría y misterio, que convierten a las películas en una sucesión interminable de clichés y Fifty shades freed no es la excepción.

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La película, basada en una meticulosa adaptación del tercer libro de la saga intenta centrarse en las vicisitudes de la pareja compuesta por Anastasia y Christian, convertidos ahora en marido y mujer, mientras lidian de nuevo con la presión del pasado de ambos (en esta ocasión, el de Anastasia) e intentan equilibrar el ya conocido tono sexual que sostiene en apariencia la vida íntima de ambos. Además, Christian intenta garantizar la seguridad de su esposa a la vez que insiste en el juego de softdominación que les unió desde los primeros capítulos de la franquicia. El resultado es una mezcolanza edulcorada de una intriga policial y la revisión semierótica del género romántico sin buenos resultados. Desde el primer tedioso tramo — plagado de estereotipos y aplastado por una serie de deficientes secuencias entrelazadas entre sí — hasta la nueva dimensión del asombroso materialista — el personaje de Ana dedica buena parte de sus diálogos a elogiar el avión, barco y cocinero de su recién estrenado marido — la película avanza dando traspiés hasta una resolución confusa, acomodaticia y levemente especulativa. De nuevo, las escenas sexuales tienen una pobrísima coreografía, además de una iluminación decadente y sin mucho sentido de la estética que convierte al principal elemento de la saga — tanto literaria como cinematográfica — en una colección de deslucidas secuencias tan poco atractivas como ciertamente aburridas.

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No obstante, el problema más notorio de Fifty shades freed es el guión: escrito por Niall Leonard, cuyo único aval parece ser el de su unión conyugal con E. L. James, autora de la trilogía. Su desconocimiento sobre el universo femenino, la noción sobre el sexo de la mujer contemporánea e incluso algo tan necesario como la tensión sexual resulta notorio en los desabridos diálogos. La atmósfera resulta muy cansina y para el último tramo queda en evidencia que la despedida de Christian Grey resultó ser tan anodina como su fervor sexual por los juegos BDSM.

Ficha técnica

Título original: Fifty shades freed
Año: 2018
Duración: 105 min.
País: Estados Unidos
Dirección: James Foley
Guion: Niall Leonard (Novela: E.L. James)
Música: Danny Elfman
Fotografía: John Schwartzman
Reparto: Dakota Johnson, Jamie Dornan, Eric Johnson, Eloise Mumford, Rita Ora, Luke Grimes, Victor Rasuk, Max Martini, Callum Keith Rennie, Bruce Altman, Arielle Kebbel, Robinne Lee, Brant Daugherty, Kim Basinger, Marcia Gay Harden, Fay Masterson, Tyler Hoechlin, Dylan Neal, Michelle Harrison, Amy Price-Francis, Andrew Airlie, Sachin Sahel, Gary Hudson, John Emmet Tracy, Lisa MacFadden, Laura Jacobs, Brad Harder, Ashleigh LaThrop
Productora: Universal Pictures
Género: Romance. Drama | Drama romántico. Erótico. Secuela

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Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento, fotógrafa por decisión, escritora por pasión, desobediente por afición. #Geek y amante de la cultura popular.

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