Han Solo, el pasado detrás del héroe

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El director Ron Howard convirtió Han Solo: A Star Wars Story en una historia que entretiene, pero no sorprende

Durante toda su historia, Star Wars reflejó el camino del héroe desde la perspectiva de cierta visión tradicional. Luke Skywalker representaba no sólo al hombre que luchaba por reconstruir su pasado - y su historia personal - sino al símbolo de la esperanza.

George Lucas asumió el monomito de Campbell desde la percepción ideal de la alegoría sobre el bien y el mal. El joven Jedi atraviesa el mapa de su vida en busca de significado y también, como una mirada profunda y en ocasiones conmovedora sobre el poder de la voluntad en busca del bien común. Al final, la Saga Star Wars se erige como una reinvención mitológica de un curioso peso argumental: sus personajes responden al arquetipo clásico.

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Como si se tratara de una nueva comprensión sobre los alcances de la narración como vínculo espiritual, Star Wars se ha convertido no sólo en parte de la cultura pop, sino en una comprensión profunda sobre una inocente versión de lo moral.

Solo: A Star Wars Story, de Ron Howard, intenta la misma hazaña, pero, además, agregando una visión sobre uno de los personajes más emblemáticos de la saga galáctica jubilosa y descomplicada. Atrás quedaron los argumentos filosóficos y cuestionamientos morales de la primera y segunda trilogía (una con más acierto que la otra) para crear una historia a la medida de una audiencia que sólo desea conocer el trasfondo de su personaje favorito.

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Y Howard lo hace, con un buen gusto y elegancia visual que sorprende, sobre todo cuando la película parecía destinada a ser un desastre argumental y narrativo, luego de la abrupta salida de sus directores originales Phil Lord y Chris Miller, conocidos por llevar a la pantalla grande esa extravaganza postmodernista como lo fue Lego Movie (2014).

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Hubo dudas sobre si Howard podía reconstruir los trozos sueltos de una película incompleta y con un tono por completo distinto al que suele imprimir en sus películas, pero, sobre todo, si podría mantener el ritmo de aventura levemente desenfadada que Han Solo, como personaje, parece encarnar. Para sorpresa de buena parte de la audiencia y la crítica, el director logra - con evidentes baches -  convertir el film en entretenimiento puro, sin mayor interés que divertir y brindar contexto a un icono de una saga que ha crecido con sus fanáticos y que, de hecho, parece ser patrimonio de cierto imaginario colectivo intocable que se sustenta en lo inalterable.

Porque al contrario de The Last Jedi (Rian Johnson - 2017), que intentó sin demasiado éxito reformular el canon y llevó a límites casi dolorosos, la experimentación de Solo: A Star Wars Story se conforma con responder las preguntas obvias sobre el pirata espacial, tramposo y usurero que en el futuro, se convertirá en héroe de la resistencia.

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El guión no sólo respeta escrupulosamente el canon original, sino que, además, responde todos los pequeños misterios de la vida del personaje, en una sucesión de rápida de información que el fanático de siempre agradecerá y el más joven, quizás considerará innecesaria.

¿De dónde proviene el apellido del héroe? ¿Cómo nace su célebre bromance con Chewbacca? ¿Cómo fue esa ya mítica partida de Sabacc que lo hizo propietario del Halcón Milenario?

A la velocidad de doce parsecs, la película avanza mostrando el imaginario del héroe sin perder el tiempo en profundizar, quizás porque no lo considera necesario e incluso, resulta superfluo en medio de la batería de efectos especiales y gag de comedia ligera que son el centro de la narración.

El guión de Jonathan Kasdan y Lawrence Kasdan, arriesga muy poco. Se limita a contar lo que cualquier fanático promedio conoce al dedillo, pero lo hace con elegancia y, sobre todo, un sentido del buen hacer cinematográfico que se agradece.

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No obstante, la película no es perfecta ni se acerca a serlo: el Joven Han (interpretado por un blando y en ocasiones confuso Alden Ehrenreich) es un delincuente juvenil en un planeta hasta ahora desconocido en la saga llamado Corellia, quien se dedica al robo y a la usura junto a su novia Qi’ra (una Emilia Clarke que por momentos luce aburrida y un poco fuera de papel).

Howard dota al primer tramo de la película de un aire rebelde y jactancioso, al estilo de American Graffiti (esa gran obra menor de Lucas del ’73 que medita sobre el puente de cristal entre la adolescencia y la madurez) pero a pesar de sus esfuerzos, el director no logra imprimir el espíritu efervescente del referente.

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Aun así, Han es sincero, lleno de vida y es quizás esa vitalidad - a pesar de los momentos en el guión simplemente no sabe cómo manejar la intrascendencia total de la historia - la que rescata a la película de ser un desastre y la convierte en un producto disfrutable. Con su geografía espacial - planos y planetas recién descubiertos - e intrigas políticas, la mesa está servida para que Solo: A Star Wars Story sea otro aperitivo en algo más elaborado en la saga, que por lo visto aún tardará en llegar.

Ficha técnica

Título original: Solo: A Star Wars Story
Año: 2018
Dirección: Ron Howard
Guion: Kasdan, Jon Kasdan (Personaje: George Lucas)
Reparto: Alden Ehrenreich, Emilia Clarke, Donald Glover, Woody Harrelson, Thandie Newton, Phoebe Waller-Bridge, Warwick Davis

 

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Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento, fotógrafa por decisión, escritora por pasión, desobediente por afición. #Geek y amante de la cultura popular.

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