I, Tonya: el espectáculo de la desgracia

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''I, Tonya' se permite el raro lujo de hacerse preguntas incómodas; algo que puede ser su mayor mérito en una época como la nuestra

Con frecuencia, Hollywood parece tener una opinión ambivalente sobre la clase trabajadora estadounidense: desde la dignidad estereotipada que convierte a las carencias en una visión sobre el sufrimiento hasta la crítica disimulada sin demasiada profundidad conceptual. La Meca del cine no parece tener una idea precisa sobre la pobreza de su país y mucho menos, sus dolores e implicaciones. Con cierta vulgaridad casi grotesca, el reflejo cinematográfico de los menos favorecidos suele tener un aire levemente estereotipo y casi caricaturesco, lo cual puede desvirtuar el sentido último del mensaje que el largometraje intenta expresar.

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Algo semejante ocurre en I, Tonya (2017), de Craig Gillespie, que asume la identidad de sus personajes — todos de clase baja y trabajadora — desde cierta percepción burlona y casi risible. El tono casi humorístico — por momentos crítico, en otros directamente cínico — atenta contra el espíritu de la película, el cual intenta lograr un acercamiento empático y profundamente sentido sobre el auge y la caída de Tonya Harding, campeona de patinaje sobre hielo. La deportista, que alcanzó talla olímpica, protagonizó uno de los episodios más desconcertante de la década de los años ’90, cuando atacó a la su principal rival Nancy Kerrigan en medio un complot absurdo y torpe que terminó por destruir su carrera profesional y la convirtió en objeto del escarnio público. La película de Gillespie intenta brindar un aire conmovedor a todas las circunstancias, pero, sobre todo, juega con la idea de que la verdad puede tener matices y que, sin duda, el juicio público al que fue sometida Tonya Harding, fue casi tan violento como el ataque en el que participó, lo cual resulta, en algunas partes del largometraje, exagerado y en otras, casi inocente. En una singular mirada a la realidad aparente — que tal vez sin quererlo, refleja alguna de las ideas contemporáneas sobre la posverdad y las fake news — Tonya Harding pasa de ser una heroína del proletariado a algo menos que un ídolo caído en desgracia, todo desde una mirada subjetiva e hipotética que enfatiza a través del uso de entrevistas a los personajes. De pronto, la película cuestiona con mayor dureza el ataque injustificado de los medios, convertidos en herramienta de escarnio, que el vergonzoso suceso protagonizado por la patinadora. Un giro argumental que convierte a la película en un curioso análisis sobre la opinión de nuestra época oculta bajo la excusa de comprender la historia de un héroe mediático en situación de desgracia.

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I, Tonya tiene mucho de un discurso pensado para analizar la culpabilidad desde el matiz del postmodernismo y lo hace con apreciable habilidad, cuando no cae en baches narrativos basados en estereotipos comunes sobre la pobreza intelectual y material. En la narración de Gillespie, Tonya — interpretada por una magnífica y probablemente nominada al Oscar Margot Robbie — es una víctima de una serie de circunstancias cuestionables, pero también desprendidas de su propia ambición, que la película expresa como una pátina grotesca y vulgar en una versión malograda del sueño americano. Entre la violencia doméstica, el abuso físico y profesional — lo que cuestiona el sueño dorado de la carrera deportiva en EEUU—, Tonya parece incapaz de superar los terrores y dolores que la acechan y el resultado es una caída definitiva en el desastre. Todo lo anterior sucede mientras la deportista atraviesa momentos especialmente álgidos en su carrera profesional y batalla por encontrar su lugar en medio de la dura competencia con la que debe enfrentarse.

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Pero la película no alcanza la sutileza de la crítica justo por su lamentable insistencia en ser condescendiente con los hábitos, el comportamiento e incluso el aspecto físico de Tonya, elementos que Gillespie convierte en una broma involuntaria y a Tonya en objeto de burla involuntaria. Por momentos la película parece burlarse de la deportista y, en otros, asume su dolor como parte de una gran broma macabra. Entre estos extremos, la película pierde equilibrio, coherencia e incluso, cierta belleza.

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 Al final, es el público el que debe decidir si Tonya Harding es el producto de su durísimo contexto, del prejuicio que la rodeó en cada momento de su vida o de la avaricia en estado puro que la muestra como artífice de su propia desgracia.

Ficha técnica:

Título original: I, Tonya
Año: 2017
Duración: 121 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Craig Gillespie
Guion: Steven Rogers
Música: Peter Nashel
Reparto: Margot Robbie,  Sebastian Stan,  Allison Janney,  Bobby Cannavale,  Caitlin Carver, Julianne Nicholson,  Bojana Novakovic,  Mckenna Grace,  Paul Walter Hauser, Renah Gallagher,  Amy Fox,  Ricky Russert,  Jeffery Arseneau,  Bobby Akers, Suehyla El-Attar,  Kaleigh Brooke Clark,  Catherine Dyer,  Joshua Mikel,  Jason Davis
Productora: Clubhouse Pictures / LuckyChap Entertainment / Neon / 30West / Ai Film
Género: Drama | Biográfico. Deporte. Patinaje sobre hielo. Años 90. Comedia negra

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Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento, fotógrafa por decisión, escritora por pasión, desobediente por afición. #Geek y amante de la cultura popular.

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