Julián Bedel: “Lo importante es creer en tu visión”

Julian Bedel. Creador de Fueguía 1833 siempre tuvo un gusto especial por la química. Foto: cortesía Fueguía

El fundador de Fueguía 1833, la exitosa firma de perfumería de nicho, profesa la ética propia como el éxito de cualquier proyecto

Nació el 22 de febrero de 1978 en Buenos Aires, Argentina. Cuenta que, de niño, siempre a mitad de semana, sus padres lo llevaban junto a sus tres hermanos a una gran casa de campo en Gualeguaychú, Municipio del departamento del mismo nombre, ubicado en la Provincia de Entre Ríos. Lo describe como “el lugar de inspiración”. Lo fue también para su padre, el pintor, escultor, diseñador y arquitecto Jacques Bedel, de quien heredó el gusto por mucho de lo que más adelante sería su trabajo. Allí podía pasar horas dibujando, inventando juegos o leyendo cuentos cortos o bien La isla del tesoro, de Stevenson, lo mismo que obras de Ítalo Calvino, o de Borges, que era amigo de la casa. Una de aquellas lecturas –la teoría de Luca Turín sobre el sentido del olor- fue lo que, en parte, despertó lo que hoy es su pasión de vida.

La alquimia de las plantas, convertir su corteza en aceite, es fascinante para mí Julián Bedel

Yo era extremadamente curioso e individualista. No me gustaba que nadie me molestara. No era que no jugara con mis hermanos, pero, si podía estar solo, mejor. A partir de la lectura de Turín me puse a leer sobre diferentes perfumes. La química me interesó desde los 10 años. Víctor Grippo, uno de los artistas conceptuales más importantes de Argentina, era amigo de papá y, por ende, amigo mío. Víctor era químico, de manera que de él aprendí de arte y de química. Esta ciencia siempre despertó en mí curiosidad: el proceso de destilación, de separación, de purificación… Concretamente la alquimia de las plantas convertir su corteza en aceite… Esa magia es definitivamente fascinante para mí.

De aquel gusto nace, años después, específicamente en 2010, Fueguía 1833, no otra cosa que un laboratorio de perfumes. El nombre es tomado para rendirle tributo a  Fueguía Basket, aborigen de Tierra del Fuego, secuestrada por el científico inglés Robert Fitz Roy, capitán de aquel viaje de Charles Darwin que tuviera como fruto El origen de las especies.

El artista conceptual argentino Víctor Grippo impulsó en Julián el gusto por la química y por el arte. Foto: cortesía Fueguía

Soy privilegiado en haber construido una marca que mezcla todos los temas que me gustanJulián Bedel

Con este proyecto, la pasión genuina de Julián se convirtió en trabajo del que se hace con placer. Y también en un negocio sustentable en expansión, con tiendas en Argentina, Rusia, Suecia, Taiwán y Milán, el nuevo lugar de residencia de su fundador.  ¿Qué conserva Julián de aquel niño? Dice que lo curioso y lo contemplativo, ahora con un excepcional sentido del olfato, punto de partida para incorporar también su pasión por el arte, concretamente, por el dibujo a la hora de diseñar un envase o la disposición de los elementos en una de esas tiendas. Lo que estuviese haciendo en su tiempo libre, si no estuviese ocupado en este proyecto, sería probablemente lo mismo.

Sede de la firma en Milán, una de las ciudades en las que opera aparte de Nueva York y Taiwán, entre muchas otras. Foto: cortesía Fueguía

Soy una persona privilegiada en eso de haber construido una marca única en el mundo que mezcla todos los temas que me gustan y que tienen que ser fieles a mi ética, que defiendo a toda costa y es, además, lo que puedo aportar. Dependemos de las ventas, claro, pero no tenemos una ambición demasiado grande en torno al negocio. Y del vector que cruza las variantes más críticas para llevar adelante tu negocio con éxito es creer en tu visión. El proyecto es una gran parte del trabajo, pero más lo es la visión que le estés imprimiendo. Eso es lo que después debes mantener, cosa sumamente difícil.  Porque, si el negocio no funciona, o va por otro rumbo, muchos se ven obligados a sacrificar lo que para ellos era clave inicialmente.

Eso es lo que hace que termines con algo que no es lo que genuinamente querías y que tampoco sea exitoso. Creo que defender tu visión y tu carácter, detrás de cualquier idea o de empresa o negocio, es muy importante y, además, algo que cualquier inversor busca en un emprendedor. Es la identidad que le vas a dar a tu marca. Eres tú como individuo el que te vas a convertir, o no, en la razón por la que te elijan a ti y no a otro.  

El fundador de la firma siempre prefiere preservar la calidad de sus productos a convertir Fueguía en una multinacional. Foto: cortesía Fueguía

Esa visión distintiva está en los nombres de las fragancias de Fueguía y en su concepto. Quilombo, por ejemplo, una expresión tan argentina referida coloquialmente a “lío”, en este caso define una fragancia inspirada en el origen del término, en los asentamientos homónimos de los esclavos negros, lugares tan peligrosos como amenos y con una cocina que Julián encuentra interesante sobre todo por sus postres de azúcar quemada, con la receta original del dulce de leche que inspira este aroma, en sus palabras, algo tan nativo de Sudamérica que a un colonizador no se le hubiese ocurrido. Y a propósito de este último, la fragancia Conquista sí alude a la mezcla, a ese porcentaje del crisol que surge de la no violencia que implicó la unión de dos culturas.

El concepto de cómo me gustaría a mí oler es más primitivo, tiene que ver más con uno mismo Julián Bedel

En otro tramo, Metáfora, evidentemente, se va a lo literario, se inspira en un pequeño cuento homónimo de Jorge Luis Borges que hace mención a las flores. Su composición parte de la propia interpretación de Bedel de esa lectura, al igual que Alguien que sueña, perfume inspirado en el mismo autor, y sus vueltas sobre lo onírico, esta vez evocado por el aroma. De la gran gama de fragancias, vale preguntarse si existe alguna basada en el propio creador de la marca.

Podría interesarle  Aroma que vela por São Paulo
La lectura de Luca Turín sobre el sentido del olor impulsó el interés de Julián en lo que luego sería su oficio. Foto: cortesía Fueguía

De hecho existe el Muskara Phero J, con J de Julián. Es un musk del que podría decirse que no tiene un olor, pero amplifica tu propio olor corporal. De alguna manera crea un halo misterioso. No está tapando tu aroma natural, no proyecta algo que no tiene que ver contigo. Se acerca al concepto de cómo me gustaría a mí oler, algo animal, primitivo, que tiene que ver más con uno mismo.

Como Ryan Bingham, el personaje ficticio del filme Up in the Air, Julián pasa la mayor parte de su tiempo en un vuelo. Y con los pies en la tierra tras esos periplos ha dado con que las rendijas del “subte” determinan los aromas. Así puede asegurar con certeza que, en verano, Nueva York apesta, a diferencia de invierno. Que en Milán se respira un aire fresco, a pesar de la ausencia de árboles, y condimentado por la proliferación de restaurantes y que, en Buenos Aires, favorece el olfato la abundancia de verdes que el calor volatiza.

La rutina del avión es muy molesta. Pero siempre es excitante llegar al destino o volver a casa, que ahora es Milán, para mí. Básicamente, aprendes a organizarte para tomar vuelos de noche. Te vuelves un experto en la rotación de la tierra, en los cambios horarios, tomas melatonina y haces miles de rituales. Viajo con una guitarra y, cuando viajo a un país distinto, me compro una nueva. Y así tengo miles de guitarras que voy juntando o después regalando. Sentarte, componer y disfrutar es lo que me gusta hacer cuando no estoy en el trabajo.

Pero, volviendo al tema, la música es muy importante en los vuelos. Por eso tengo también muy buenos auriculares y muy buen dispositivo, además de máscaras y  aceites que me ayudan a relajarme. Todo un kit de supervivencia. Ahora que se mudó mi novia para acá para Milán me esperan también los viajes de placer. La vida te obliga a tener otros programas que no sean solo de trabajo.

Sin jugar al prestidigitador Julián vislumbra un futuro consistente para Fueguía. Una consistencia basada en el carácter artesanal de la firma, en la calidad de los extractos para cada fragancia, en la presentación y el concepto de cada producto y la experiencia de venta. Suena sencillo y corporativo, pero es ahí donde justamente visibiliza el verdadero reto. Respecto a la perfumería de nicho, en términos generales, tiene una postura particular.

Soy muy afortunado de vivir un presente que es como mi futuro ideal Julián Bedel

El nicho tiene el problema de que, justamente, vende la ilusión del nicho, de que es algo artesanal y que tiene más calidad. Y al fin y al cabo es una mentira. Es una ilusión. El proceso de producción del vino, por ejemplo, está verticalmente integrado: viñedo, enólogos, etcétera. Eso en perfumes no existe. Nosotros creo que somos los únicos que lo tenemos. Porque la creación del perfume, su producción y los ingredientes usados son los mismos empleados anteriormente por alguna otra marca internacional. En pocas palabras, sería muy bueno que el nicho a futuro tenga algo de realidad. 

Muchos de los conceptos y nombres de los perfumes de Fueguía se inspiran en la literatura, en especial en la de Jorge Luis Borges. Foto: cortesía Fueguía

Respecto a lo que yo pienso del futuro en torno a mí mismo, pues me gustaría verme obviamente divertido, respetuoso. Soy de los que cree que el futuro es un reflejo inmediato de lo que hacemos hoy. Partiendo de eso no es que yo aspiro a un futuro particular o con ciertas características sino que soy muy afortunado de vivir un presente que es como mi futuro ideal. 

La guitarra es la otra afición de Julián. Dice que a veces, por cada viaje, se compra una. Las colecciona o las regala. Foto: cortesía Fueguía

Ahora bien, el punto es cómo mantenerlo, pero ese es un hilado fino. En todo caso, tengo la fortuna de haber construido un concepto, una marca, una línea de productos, una forma de extraerlos y una fábrica. Eso no tiene que ser más grande. No tiene que convertirse en una multinacional con 50 locales en China. Acá en Italia, por ejemplo,  voy a ciertos restaurantes que son atendidos por familias que laboran ahí desde hace 50 años y que no por ello se han transformado en una cadena de comida. Entonces todo está alineado en preservar la calidad, en poder seguir creando y mejorando la vida de los clientes que, en nuestro caso, siempre quieren oler cosas divinas.  

 Fueguía 1833

Podría interesarle  Lorena Ramírez, ultramaratonista en guaraches y vestido

 Fueguía 1833 Milano

 @fueguia1833

Comentarios

Comentarios

Pablo Blanco

Pablo Blanco

Comunicador Social UCV. Devoto de Hitchcock, Almodóvar, Allen y Madonna

No Comments Yet

Leave a Reply

 

Un gabinete de curiosidades hecho en Latinoamérica con carácter global.

FOLLOW US ON