La otra Vivian Maier

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Autorretrato, 1953. Foto: vivanmaier.com

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Autorretrato, 1956. Foto: vivianmaier.com

Autorretrato, 1956. Foto: vivianmaier.com

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Autorretrato, 1956. Foto: vivianmaier.com

Autorretrato, 1956. Foto: vivianmaier.com

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1955. Foto: vivianmaier.com

1955. Foto: vivianmaier.com

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Autorretrato, sin fecha. Foto: vivianmaier.com

Autorretrato, sin fecha. Foto: vivianmaier.com

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Autorretrato de 1955. Foto: vivianmaier.com

Autorretrato de 1955. Foto: vivianmaier.com

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Autorretrato, 1950. Foto: vivianmaier.com

Autorretrato, 1950. Foto: vivianmaier.com

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Autorretrato, 1954. Foto: vivianmaier.com

Autorretrato, 1954. Foto: vivianmaier.com

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Autorretrato de 1954. Foto: vivianmaier.com

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Autorretrato de 1955. Foto: vivianmaier.com

Autorretrato de 1955. Foto: vivianmaier.com

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Autorretrato, 1971. Foto: vivianmaier.com

Autorretrato, 1971. Foto: vivianmaier.com

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Autorretrato de 1955. Foto: vivianmaier.com

Autorretrato de 1955. Foto: vivianmaier.com

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Autorretrato, 1961. Foto: vivianmaier.com

Autorretrato, 1961. Foto: vivianmaier.com

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Autorretrato, sin fecha. Foto: vivianmaier.com

Autorretrato, sin fecha. Foto: vivianmaier.com

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Autorretrato, 5 de mayo de 1955. Foto: vivianmaier.com

Autorretrato, 5 de mayo de 1955. Foto: vivianmaier.com

Bajo la mirada asombrada de quienes la conocieron, el otro rostro de Vivian se impuso mostrándola como una entidad desdoblada; en esta nueva entrega, tres voces describen al enigmático personaje que desde su descubrimiento ha sido sinónimo de genialidad y misterio

Ciento cincuenta mil negativos y tres mil impresiones reposaban en el absoluto silencio de la orfandad hasta que el tiempo, bajo la forma de una delgadísima capa de polvo, demostró su dominio y los condenó a la inexistencia. Pronto pasaron a ser nada, apenas un montón de basura acumulada de la que había que deshacerse. Así llegaron a manos de John Maloof, desconocidos de todo artífice, como guardando un secreto a propósito. Un costo ahora irrisorio lo haría dueño del secreto en una subasta convocada por el azar. Maloof pensaba que en sus manos solo tenía el peso del anonimato y de los años, nada más, hasta que una palabra estremeció por completo su vida y lo llevó a emprender una odisea por descubrir quién había sido el personaje detrás de la cámara.

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Junto al impresionante archivo fotográfico de Vivian, John Maloof logró recopilar una gran cantidad de objetos personales y documentos que sirvieron de base para comenzar su investigación sobre la misteriosa mujer. Foto: vivianmaier.com
Junto al impresionante archivo fotográfico de Vivian, John Maloof logró recopilar una gran cantidad de objetos personales y documentos que sirvieron de base para comenzar su investigación sobre la misteriosa mujer. Foto: vivianmaier.com

 – Era mi nana – respondió la voz al otro lado del teléfono. ¿Una niñera? Debía ser una broma. El primer paso lo había llevado al fracaso. Al teléfono, marcando números desconocidos, era razonable que alguna de esas personas que se negaban quisiera burlarse de él, pero ¿cómo era que esta persona reconocía el nombre que él había encontrado en aquella caja? Vivian Maier pudo haber sido la nana de esta persona que ahora le hablaba, pero entre las interminables labores del día a día, ¿cómo iba a poder una niñera tomar tantas fotografías? Desde luego, debía ser una broma. Sin embargo, siendo el único camino, Maloof lo tomó como última opción y no sería en vano.

1959, Grenoble, France. Foto: vivianmaier.com

La curiosidad de Vivian no solo se interesó por la belleza. A menudo, sus fotografías retrataban la crueldad de la vida y la llevaban a explorar la miseria inserta en los sectores más peligrosos de Nueva York y Chicago. Fotos: vivianmaier.com
La curiosidad de Vivian no solo persiguió la belleza. A menudo, sus fotografías retrataban la crueldad de la vida y la llevaban a explorar la miseria inserta en los sectores más peligrosos de Nueva York y Chicago. Fotos: vivianmaier.com

Efectivamente, Vivian Maier había sido la niñera de esa persona y la de muchas otras que fueron apareciendo conforme el eco de su nombre se fue esparciendo. Las distintas voces fueron reconstruyendo a una mujer que había pasado desapercibida, que se había mofado de la fama atrapando 40 años de Nueva York y Chicago con su inseparable Rolleiflex. Una mujer alta comenzó a brotar de las sombras. Para algunos, con un indudable acento francés que delataba su procedencia; para otros, ese mismo acento era tan falso como su supuesta identidad. Lo cierto es que Miss Maier, Viv, Vivian, Miss Smith y Miss Meyer eran la misma persona misteriosa que los había ayudado a construir su niñez, haciendo un registro fotográfico de la misma mientras alimentaba una curiosidad voraz por el mundo: Vivian encontró  su obra dialogando con el misterio. Y bien sabemos todos que lo misterioso lo define el otro, el de enfrente, el que no es uno; o sea, el que distingue el misterio, el que lo percibe, el que lo observa, el que lo nota y lo denota. No obstante, el misterio está en todos y en todo – asegura Rubén Wisotzki.[1]

El humor también es evidente en la obra de Vivian Maier. Muchas de las imágenes que captó recrean el mundo desde una perspectiva menos melancólica. Septiembre 26, 1959, Nueva York, NY. Foto: vivianmaier.com
El humor también es evidente en la obra de Vivian Maier. Muchas de las imágenes que captó recrean el mundo desde una perspectiva menos melancólica. Septiembre 26, 1959, Nueva York, NY. Foto: vivianmaier.com

Con esto, John Maloof comenzó a reescribir la historia de una mujer que verdaderamente vivió en secreto. Aquellos mismos rostros que confrontaban las preguntas de Maloof quedaban sorprendidos ante una noticia que pasó inadvertida ante sus ojos y que explicaba muchas de las rarezas de la extraña mujer: Vivian Maier había ejercido por poco más de 40 años el oficio de fotógrafa desde las sombras que le propinaba su modesto empleo de niñera. Y su trabajo, sorprendentemente, era excepcional, magistral, abrumadoramente significativo y comparable al de grandes fotógrafos como Henri Cartier-Bresson y Diane Arbus. Continúa Wisotski: Todo artista es un huracán, una tromba, un ciclón. Todo artista, una vez que gira, no sabe, no puede, no debe detenerse. En la obra descubre nuevas sensaciones y desconocerá que se está descubriendo a sí mismo; porque al igual que el ofidio busca el fin (¿o será el principio?) de la rosca infinita que es la creación. Y si se detiene, se negaría a sí mismo como artista.

La misma Diane Arbus dijo alguna vez: Siempre me pareció que la fotografía era una cosa traviesa; para mí fue uno de los aspectos favoritos, y cuando lo hice por primera vez, me sentí perversa. Entonces, ¿quién era esta mujer de apellido Maier que decidió callar su talento como en un arranque egoísta?, ¿acaso era la perversidad el impulso primigenio de sus creaciones? Es muy propio que venga de Diane Arbus – comenta Florencia Alvarado[2] – de hecho, sus miradas son similares. Sin embargo, a mi parecer, Diane Arbus está directamente relacionada con lo pervertido, con lo freak y la mirada de Vivian Maier se relaciona más con el vouyerismo que con lo perverso. Diría que es una palabra que identifica mejor su trabajo y su extraña personalidad. 

El fotógrafo es una versión armada del paseante solitario que explora, acecha, cruza el infierno urbano, el caminante vouyerista que descubre en la ciudad un paisaje de extremos voluptuosos. Adepto a los regocijos de la observación, catador de la empatía, al flâneur el mundo le parece ‘pintoresco’.Susan Sontag

Así, el fin último de su curiosidad parecía ser el placer de la contemplación. Vivian buscaba tragarse el mundo en cada fogonazo de su cámara, fue una nómada que hallaba el momento preciso en las situaciones más inesperadas. Florencia Alvarado sostiene: Yo quiero pensar que ella estaba al tanto del poder que tenía para captar las situaciones y para captar ciertas cosas que no se pueden explicar a través de las palabras. Creo que si hubiese sido una persona insegura con respecto a lo que fotografiaba no habría sido tan insistente. Definitivamente, ella estaba siendo movida por una pasión gigante, tan gigante como su archivo. Sus fotos generan seguridad y creo que allí yace su poder. Sin duda, era una mujer segura de la composición que hacía.

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Undated. Foto: vivianmaier.com

Vivian Maier costruyó su obra no solo en su tiempo libre. El testimonio de las personas que estuvieron a su cuidado durante la niñez afirma que, muchas veces, ellos mismos fueron sus compañeros de bùsqueda e incluso sus objetivos. Fotos: vivianmaier.com
Vivian Maier costruyó su obra no solo en su tiempo libre. El testimonio de las personas que estuvieron a su cuidado durante la niñez afirma que, muchas veces, ellos mismos fueron sus compañeros de búsqueda e incluso sus objetivos. Fotos: vivianmaier.com

Fotografiar es apropiarse de lo fotografiado. Significa establecer con el mundo una relación determinada que parece conocimiento, y por lo tanto poder.Susan Sontag

De ese poder resultó, no solo un prolífico archivo fotográfico, sino un obsesivo registro de los hechos que la rodeaban: coleccionar periódicos también fue una de sus constantes. Aquellas familias que la hospedaron recuerdan su llegada seguida de un cortejo interminable de cajas y maletas; su vida –solía decir– siempre viajaba con ella. Para algunos, esas mismas excentricidades terminaron convirtiéndose en algo peligroso, para otros la hacían más interesante. Lo cierto es que su sed de imágenes albergaba la sensibilidad en su estado más puro y la obligaba a disparar su cámara contra todo y contra todos sin razón aparente. Maravillosamente, su mirada indiscriminada arrojó un abanico de sentimientos que en ella parecían inexistentes y que resultaron ser los protagonistas de su trabajo. Pero, ¿cuál era el sentimiento que movía su pasión?: Miedo. Yo pienso que era el miedo –dice Florencia Alvarado–. Es evidente que era una persona sumamente cerrada, sumamente cohibida, socialmente diferente. Eso puede justificarse con su exploración de los autorretratos y, sobre todo, en su manera de fotografiar: la distancia que tenía, su frenético estilo… Había miedo y ella utilizaba la fotografía, quizás, como una herramienta para relacionarse con un mundo al que ella no lograba adaptarse o al cual sentía no pertenecer. Según Susan Sontag[3]:

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Como las armas y los automóviles, las cámaras son máquinas que cifran fantasías y crean adicción […] hay algo depredador en la acción de hacer una foto. Fotografiar personas es violarlas, pues se las ve como jamás se ven a sí mismas, se las conoce como nunca pueden conocerse; transforma a las personas en objetos que pueden ser poseídos simbólicamente […] Cuando sentimos miedo, disparamos. Pero cuando sentimos nostalgia, hacemos fotos […] Hacer una fotografía es participar de la mortalidad, vulnerabilidad, mutabilidad de otra persona o cosa. Precisamente porque seccionan el momento y lo congelan, todas las fotografías atestiguan la despiadada disolución del tiempo.

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Vivian Maier también experimentó con la fotografía a color. Su vasto archivo, contempla, además, grabaciones de audio y video. Fotos: vivianmaier.com

Vivian Maier también experimentó con la fotografía a color. Su vasto archivo, contempla, además, grabaciones de audio y video. En el documental Finding Vivian Maier (2013), las narraciones de quienes la conocieron en vida confluyen con la sorpresa: la mayoría de ellos desconocía su talento. En él se pueden ver un minucioso registro de la niñez de cada una de esas voces. Fotos: vivianmaier.com
Vivian Maier también experimentó con la fotografía a color. Su vasto archivo, contempla, además, grabaciones de audio y video. En el documental ‘Finding Vivian Maier’ (2013), las narraciones de quienes la conocieron en vida confluyen con la sorpresa: la mayoría de ellos desconocía su talento. En él se pueden ver un minucioso registro de la niñez de cada una de esas voces. Fotos: vivianmaier.com

Si era el miedo lo que la llevaba a disparar, ese miedo se transformó en nostalgia a través de su obra. Si buscaba apoderarse de algo, es probable que jamás lo sepamos. Vivian Maier aseguró su secreto y se lo llevó también consigo, así como acostumbraba a cargar con todas sus cosas. Con los años, las noticias sobre ella llegan de a poco y siempre bajo el aura de lo incierto. No hay familia que la haya sobrevivido y los que se consideraban sus amigos más cercanos pronto descubrieron que no sabían nada sobre ella. La soledad fue su único refugio, una extrema soledad. De sus viajes por Latinoamérica y por el resto del mundo no queda sino un detallado testimonio fotográfico que, aunque ilustrativo, está caracterizado por el frío silencio de las imágenes dispuesto solo a significar según sea el espectador. Rubén Wisotzki opina: Ciertamente vivimos vidas que no son las nuestras y Vivian Maier parecía querer vivirlas todas. ¿Qué otra cosa es la curiosidad sino la discreta expresión de pretender -a través de la rendija, de la arruga, del pliegue- apropiarnos de respiraciones y latidos que no son los nuestros? Florencia Alvarado cierra diciendo: Creo que el valor para el arte es que ella, siendo una extraña, logró retratar una época tan importante, tan famosa, tan retratada por los fotógrafos y por el cine; una época estéticamente significativa en Nueva York y Chicago y lo hizo de una manera única, increíble desde el punto de vista técnico. Pero también, porque logró hacerse invisible, porque hasta en los autorretratos era como si ella no estuviera. A pesar de ello, sus fotos son sensibles, son comunicativas, son hermosas en cuanto al revelado y la manera como los grises están plasmados, como están compuestos. El ‘momento decisivo’ del que hablaba Cartier Bresson, definitivamente, se encuentra reflejado plenamente en su obra.

Diciembre 2, 1954, New York, NY. Foto: vivianmaier.com
Diciembre 2, 1954, New York, NY. Foto: vivianmaier.com
Fotos: vivianmaier.com
Fotos: vivianmaier.com


[1] Rubén Wisotzki (Buenos Aires, 1960) es periodista radicado en Venezuela desde 1976. Estudió filosofía, historia y literatura.

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[2] Florencia Alvarado (Maracaibo, 1984) es Licenciada en Diseño Gráfico por La Universidad del Zulia con estudios de postgrado en la Universidad de Buenos Aires. Ha mostrado su trabajo de manera individual en Otras Iluminaciones (Espacios Alternativos del Museo de Arte Contemporáneo del Zulia 2013) y Soplos de vida (Galería El Hatillo 2014). Ha sido conferencista para el Seminario de la Colección Patricia Phelps de Cisneros (2014), así como del IV Encontro Pensamento e Reflexão na Fotografia en el MIS – Museu da Imagem e do Som de Sao Paolo. También fue parte del intensivo de verano de la Revista Triple Canopy (Brooklyn, Nueva York). Como curadora, trabajó junto a Backroom Caracas en el montaje Telón de Fondo para el Seminario de la Colección Cisneros (2015). Su obra ha sido publicada en diversas revistas nacionales e internacionales. Time After Time (Maczul 2016) será su tercera individual.

[3]  Cf. Susan Sontag (1977). Sobre la fotografía. Barcelona: Alfaguara.


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José Vicente Henríquez

José Vicente Henríquez

Editorial Manager

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