Los rostros de Nicole Kidman

The Others, el filme de terror a cargo de Alejandro Amenábar. Photo: Vinnieh WordPress

El estreno internacional de Boy Erased es el punto de partida para una revisión de la carrera de la exitosa actriz australiana

Con frecuencias, a las actrices se les presiona para crear una visión de lo femenino estereotipado. Tal vez por eso, la actuación de Nicole Kidman siempre tendrá la capacidad de desconcertar e incluso intimidar, porque no se ajusta a ningún rol concreto.  En una de las escenas de la película Boy Erased (Joel Edgerton - 2018) estrenada recientemente en el festival de Toronto, Kidman mira a la pantalla con una expresión de estática felicidad que tiene algo de artificial. Tiene los ojos brillantes por una emoción turbia y la sonrisa sin alegría, de comisuras tensas. Hay algo rígido en la expresión, pero también, una salvaje humanidad que convierte al personaje en un símbolo del fanatismo. En la película, la actriz encarna a Nancy Eamons, la castrante madre de un joven homosexual, un  papel en el que la actriz demuestra de nuevo su capacidad profunda y compleja para crear un sutil mapa del espectro de emociones humanas. Rígida, dura e implacable, el personaje de Kidman encarna una versión de la represión y el prejuicio que asombra por su verosimilitud, y a la vez, poder para conmover.

En Boy Erased, Kidman da vida a la madre de un joven asistiendo a la compleja y controversial terapia de conversión sexual. Photo: E! On Line

Claro está, la película se mueve en cierto terreno peligroso: el proceso de tomar conciencia de la propia sexualidad siempre será engañoso y Edgerton lo muestra con una connotación extrañamente dolorosa. Lo traumático del tránsito de la niñez a la adultez y. a la vez la experiencia de lo sexual como una forma de expresión espiritual, se plantea en el guión desde una óptica elegante y desgarradora. Una percepción elemental sobre el dolor emocional y la pérdida de la identidad. El film, además, avanza por el terreno tortuoso de la presión psicológica mientras narra la historia del personaje principal, Jared, interpretado por un correcto Lucas Hedges, quien se embarca en el complejo proceso de la terapia de conversión de doce días. Le acompaña su madre, que intenta recordarle la “esencia de la masculinidad” a la vez que crea una percepción sobre el miedo y el dolor convertido en algo más primitivo y casi elemental. Como siempre, Kidman logra que su personaje sea una ambigua y magnífica combinación de fortaleza y fragilidad. Una y otra vez, su rol es la némesis de Jared, acosado por el poder de su sexualidad y el hecho que no puede ser reprimida a pesar de los enconados esfuerzos de su familia.

El retrato de una dama, Kidman y sus primeros grandes papeles. En esta oportunidad dirigida por Jane Campion. Photo: The Australian.com

Sin duda, Kidman ha hecho carrera a través de personajes basados justamente en esa dualidad emocional que consigue sobrellevar a través de una meditada comprensión sobre la naturaleza humana. Nacida en Hawai, se unió a la escuela de actuación local a los catorce años y casi de inmediato, se convirtió en una celebridad local al participar en el clásico navideño australiano Bush Christmas (Henri Safran - 1983). No obstante, fue su papel en la película Dead Calm (Phillip Noyce -1988) la que la llevaría a una temprana fama y finalmente a Hollywood, en donde protagonizaría Days of Thunder (Tony Scott -1990) y además, conocería a quien se convertiría en su primer esposo, la estrella Tom Cruise. A partir de allí, su carrera atravesó una búsqueda de identidad constante que del todo acertada: Kidman protagonizó algunos blockbusters sin mayor relevancia artística como Batman Forever, a la vez que tomaba decisiones interesantes, como protagonizar la incómoda To Die For (Gus van Sant - 1995) y la elegante Retrato de una Dama (Jane Campion - 1996). En ambas películas, la actriz mostró por primera vez su capacidad para construir personajes complejos, llenos de un violento dolor interior y sobre todo, atormentados por una vena existencialista que la actriz elabora con cuidada sutileza.

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Eyes Wide Shut, la obra no acabada de Stanley Kubrick. La pareja Kidman y Cruise en plena ruptura, en la ficción y en la vida real . Photo: Trueheartwork.com

No obstante, Kidman continuó siendo una actriz de carácter en potencia, en medio del aura mítica de Cruise y envuelta en una especie de fama expeditiva que llevaría un considerable esfuerzo abandonar. Para el final de la década, el primer asomo de la osadía de Kidman como actriz comenzó a hacerse notorio: en Eyes Wide Shut, la última película de Stanley Kubrick. Allí la actriz crea un personaje inusual, paradigma de la ambición erótica y a la vez, del tedio matrimonial. Entre ambas cosas, la película es un tránsito onírico y cruel entre los secretos emocionales de una pareja común y la caída en desgracia de una relación destrozada bajo las expectativas insatisfechas. Criticada y posteriormente convertida en objeto de culto, la película se convirtió en el espejo - o así se especula aún en la actualidad - del matrimonio Cruise - Kidman, que pareció desmoronarse frente a la pantalla de cine y ante los ojos de los asombrados espectadores. Unos meses después, la pareja se separó.

Kidman y un rol que le valió el Globo de Oro, el de la prostituta Satine en Moulin Rouge. Photo: IBTimes UK

De inmediato, la carrera de Kidman floreció. Cantó y bailó con un inusitado talento en el ya mítico musical Moulin Rouge (Baz Luhrmann- 2001) y ganó un Golden Globe que la llevó a la palestra pública por cuenta propia. El director incluso llegó a insistir que la transformación de Kidman en una actriz de ilimitado potencial ocurrió justo frente a sus ojos: “Se trató de una experiencia de crisálida; ella entró como la señora Tom Cruise, pero como Satine, la exquisita prostituta que bailaba sobre las cabezas de hombres que clamaban por su nombre, ella emergió como su propia persona: ya no estaba con el rey, ella era Nicole Kidman, ícono a punto de nacer” declaró más tarde. El mundo entero pareció asombrarse no sólo por la fuerza interpretativa de Kidman, sino además su desconocida osadía. Más tarde, Kidman incursionó con éxito en el género del terror con la espléndida Los otros, del director Alejandro Amenábar, en la que construyó un personaje contenido, destrozado por la desolación. Como si se tratara de extremos de la misma versión de la capacidad histriónica de la actriz, ambas producciones demostraron la sutileza de Kidman al momento de construir una percepción verídica de la emoción.

The Hours, Nicole como Virginia Woolf, un rol que le valió el Oscar a la Mejor Actriz Principal en 2003. Photo: Pinterest

No obstante, sería su siguiente película la que la llevaría al estrellato definitivo. Con The Hours (Stephen Daldry -2002) Nicole Kidman interpretó a una Virginia Woolf de fascinante fragilidad, pero a la vez, de una fuerza indómita y romántica que desconcertó por su estatura histriónica. Con una prótesis nasal que ocultó su celebrada belleza y convertida en un reflejo fiel de la Woolf histórica, Kidman demostró que su capacidad para la actuación se basada esencialmente en una notoria mezcla de belleza y dureza, todo bajo la apariencia de un perenne silencio interior. La actuación le valió un globo de Oro y un Oscar de la Academia.

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Junto a Renée Zellweger en Cold Mountain, de Anthony Minghella. Photo: TCM

Es complicado analizar la carrera de Kidman desde un único punto de vista, que va desde una prolífica y ecléctica gama de proyectos comerciales como The Stepford Wives ( Frank Oz -20104) y Bewitched ( Nora Ephron - 2005) y proyectos de sólida factura como The Human Stain (Robert Benton - 2003) y Cold Mountain ( Anthony Minghella -2003). Actuó también rarezas independientes como Dogville de Lars Von Trier y en papeles poco importantes, pero comercialmente llamativos como su fallida interpretación de la fallecida Grace Kelly.

En The Killing of a Sacred Deer, Kidman hace las veces de una madre protectora en medio de acontecimientos inesperados. La cinta ganó el premio al Mejor Guión en Cannes 2018. Photo: Variety

El punto es que la artista siempre logra sorprender por su capacidad para construir - incluso en los proyectos más desconcertantes e irregulares - personajes de una potencia actoral de enorme valor. Como lo hiciera en la película Stoker (Chan-Wook Park - 2014) en la que encuentra una versión de sí misma elaborada a partir de retazos sustanciosos de algo más formidable en su notoria perversión. En Lion (Garth Davis -2016) la actriz renuncia a sus pequeños tics habituales y emerge convertida en una madre coraje de sutil fortaleza, en medio de una crisis existencial de delicada y dolorosa melancolía. Al contrario ocurre en el thriller The Killing of a Sacred Deer de Yorgos Lanthimos (2017), en la que elabora una meditada comprensión sobre el miedo y la perversión que sorprende por su peligroso poder para insinuar un retorcido reflejo de la psiquis humana. En Destroyer (Karyn Kusama - 2018) encuentra el registro exacto para expresar la compresión de la raíz del miedo a la vez que mezcla con su habitual elegancia, el desarraigo, la desazón y el sufrimiento reconvertido en algo mucho más desconcertante y amargo. El resultado es un personaje destinado a construir una versión sobre la mujer con poder (y la forma como lucha por conservarlo) de enorme firmeza pero que también, conmueve hasta las lágrimas por su sentida fuerza esencial.

Hace unos años, Nicole admitió que le sorprende el éxito de su carrera, pero sobre todo, la forma en que la actuación le ha llevado por caminos insospechados de su propia capacidad para interpretar la emoción humana. “Estoy agradecida por haber envejecido con honestidad”, dijo en una entrevista este año. “Me siento increíblemente afortunada. No me gusta que la gente se queje o que no esté agradecida. Tenía una fuerte ética de trabajo cuando comencé y nunca me abandonó. Estaría horrorizada si alguien dijera que mi ética de trabajo es mala o mi actitud es mala. Me avergonzaría”. Para bien o para mal, Kidman se construyó a sí misma como un icono ambivalente y extrañamente incomprensible. Tal vez, su mejor cualidad.

 

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Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento, fotógrafa por decisión, escritora por pasión, desobediente por afición. #Geek y amante de la cultura popular.

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