Mabel Cornago: “Yo no encontré la fotografía, la fotografía me encontró a mí”

Mabel Cornago. Foto: Rosley Labrador (@rl_______)

La fotógrafa venezolana acude a la cita de la semana para demostrarnos que está muy clara de lo que desea registrar en sus negativos, y que no pretende explorar ningún formalismo a partir de ella sino hurgar en su objetivo fotográfico

Siempre se afirma que los hijos son el reflejo de los padres. Desde pequeños, nos sumimos en una representación casi teatral que nos asemeja a ellos; muchas veces sus pasiones pronto se convierten en las nuestras, y sus guiños y mañas, también. Objetos que siempre estuvieron allí, en el mismo lugar; personas que siempre estuvieron allí, con la misma esencia; y costumbres que siempre permanecieron igual son las que nos despistan al descubrir que circunstancias u objetos estuvieron ausentes o no. Para Mabel Cornago la cámara siempre estuvo allí, entre los objetos que habitaban su hogar. Es por ello que cuando se le pregunta sobre algún momento en especial en el que decidió ser fotógrafa, no hay una respuesta concreta. Para ella, la fotografía siempre estuvo allí, contemplándola como una sombra: “Yo no encontré la fotografía, la fotografía me encontró a mí. Desde pequeña el lente de mi padre estuvo presente y sin pensarlo lo hice mío. No recuerdo un momento en especial, siempre estuvo allí”

Mabel Cornago. Foto: Rosley Labrador (@rl_______)

Ella, si la entendemos como una mujer a quien le ha correspondido interpretar los distintos roles que le ha impuesto la vida, no escatima al identificarse como: “mujer, madre, hija, hermana, amiga, fotógrafa, venezolana. A estas alturas de mi vida me siento agradecida de mis afectos y vivencias, con ganas y deseos de explorar más, aventurarme más, poder tener la cámara como un apéndice, porque cada vez que recorro estas calles digo «Esto es  una foto»”.

Mabel Cornago. Foto: Rosley Labrador (@rl_______)

Cultivada en un principio como una actividad que hace del tiempo un transcurrir más corto, pronto la fotografía pasó de ser un hobbie a convertirse en una extensión de ella misma y de su carácter, extendiéndose de tal manera que desde hace ya largos años forma parte de su modus operandi a la hora de trabajar en Caracas: “Tengo aproximadamente los últimos 15 años única y exclusivamente dedicada a la fotografía  comercial y artística. Antes de esto, era mi hobbie”.

No muchas veces se tiene la capacidad de poder ser sorprendido, de alucinar por los detalles que hacen de nuestra vida de una manera particular, que sea así y no de otra forma. Esos rasgos tan cotidianos que pasan desapercibidos. Sin embargo, cuando nos percatamos de ellos, el tiempo parece ser más leve y el espacio más hermoso, y si no es así, por lo menos avasallante: “toda mi vida, de una u otra manera la he visto, recorrido y tocado  en este mundo de las cosas bellas. El trabajo manual, la luz, los colores, han estado presente y me han llevado hasta este ahora”.

Mabel Cornago. Foto: Rosley Labrador (@rl_______)

Siendo para Mabel la fotografía un modo de perderse y encontrarse, cuándo la concibe, lo hace bajo esta premisa: “en una palabra «expresión». Para mí es un descubrir y descubrirte,  me siento cómoda,  feliz, conectada, en paz,  sé que es por allí…  se hace tan fácil  como  un clic”.

Testimonio de los alaridos de las guacamayas, el objetivo de Mabel recorre los altos cielos del valle de Caracas para lograr capturar en una fotografía la expresión más inesperada del ave que habita espontáneamente las ventanas de los grandes edificios y las terrazas de la ciudad, a la espera de una mano extendida que satisfaga su apetito. Mabel, siempre atenta al aterrizaje  de las guacamayas, las espera como si se tratara de una estrella fugaz : “un día llegaron a mi ventana, les di de comer y ahora vienen a menudo”.

Mabel Cornago. Foto: Rosley Labrador (@rl_______)

Así como llegó la fotografía a su vida, lo hicieron las guacamayas. Sin buscarlas, ellas llegaron y decidieron permanecer en su rollo fotográfico: “realmente yo no decidí retratarlas: ellas llegaron, me enamoraron y se quedaron; tomé la cámara y empezó este encuentro  lúdico que sucede cuando me visitan mañana o tarde, varias veces a la semana”.

Su diálogo con ellas no solo se limita a retratarlas, sino también a mimarlas y a compartir algunos minutos. Relación que ha entramado un vínculo más allá de lo cotidiano: “mi relación con ellas es cordial, amorosa, ellas  llegan en bandadas, siempre juntas.  En pareja, e  incluso vienen con los pichones a buscar comida y están acostumbradas a mi cámara. No le temen, claro no se puede utilizar el flash. Realmente lo que les interesa es comer”.

Mabel Cornago. Foto: Rosley Labrador (@rl_______)

Cuando el llamado de las guacamayas sustituyen el silencio de la mañana, y en las tardes opaca la sinfonía de bocinas que musicalizan las horas pico de la capital venezolana, Mabel sabe que se aproximan: “yo las escucho y esa es la llamada para tomar la cámara sobre la mesa, lista y cargada, entre las 6:30 a 7:30 am y en la tarde 4:00 o 5:00 pm ellas pasan por casa, también las fotografío en el Parque del Este muy tempranito en la mañana. Ese sitio me gusta porque están en su hábitat”.

Foto: Mabel Cornago.

Más que estar inmersa en una exploración formal de la fotografía, Mabel se deslinda de ello para enfocarse en lo que es objeto de su lente: “no deseo explorar nada de la fotografía, deseo explorar lo que fotografío. Es una necesidad plasmar un momento y nada como un clic para hacerlo”.

Entre docenas de anécdotas, Mabel nos relata una de ellas: “hay varias, siguiendo  la onda de lo político. En una de las fotografías están ellas, las guacamayas,  y de repente aparece un zamuro; eso dio pie para una infinidad de comentarios de oposición y de oficialistas: unos pidiendo el traje prestado para un entierro; otros, resaltando las virtudes del zamuro”.

Foto: Mabel Cornago.

La historia de las guacamayas en Caracas se remonta a 30 años atrás, siempre escondiendo historias y personas que hacen de su recorrido algo especial y memorable, algo que merece ser contado o, en este caso,  retratado. Siguiendo el runrun que una vez proclamó a la “Guacamaya detrás de la moto de Vittorio Poggi”, se puede decir plenamente que Mabel y su fotografía forman parte de ello.

 Mabel Cornago Fotografía

 @mabelcornago

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Andreína Vallés

Andreína Vallés

Staff Writer

Comunicadora social y visual. Ilustradora y cinefila.

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