Phantom Thread: ese hilo invisible

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Una inspirada y paciente creación que sin duda se convierte en una de las mejores películas del recién finalizado año 2017

El director Paul Thomas Anderson suele escoger proyectos en donde se celebra cierto aire intimista y en los que hay una atmósfera en la que lo cotidiano se transforma en toda una visión sobre el arte y la estética. No por casualidad Anderson se ha hecho famoso por la complejidad de sus historias entretejidas con personajes de enorme profundidad intelectual y moral que además asumen la realidad como un extrarradio que subyace el desarraigo y la soledad. En gran parte de la llamada generación de directores de “videocassette” (entre los que se encuentran Quentin Tarantino, Richard Linklater y Kevin Smith) la conexión con la cultura pop crea un inevitable contexto en todas sus obras pero, además, brinda a sus películas una profunda visión sobre la época. Un reflejo extraordinario y profundo de enorme eficacia sobre el tiempo y la sociedad. Como si cada una de sus obras se tratara de un enorme e intrincado autorretrato sobre sus conclusiones sobre lo cotidiano, la vida espiritual y los pequeños dolores privados en un mosaico de enorme valor argumental.

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Por ese motivo, no parece del todo accidental que para su película Phantom Thread (2017) Anderson incluyera sus iniciales — o eso parece — en el título, en el que narra con cierto aire intimista la vida y carrera ficticia de Reynolds Woodcock, un oscuro modista de la Londres de 1950 que tiene por extraño hábito incluir extraños mensajes en las que prendas que confecciona. Para Anderson, el hábito de Woodcock tiene algo de ritualista, una especie de visión extraordinaria sobre los secretos y la cotidiana convertida en una forma de enigma. Una noción que permite a Anderson crear una versión de la realidad invisible, que avanza entre la belleza y el temor, la angustia de lo marginal y algo más delicado que dota a la película de una envidiable estructura narrativa. Se trata de una historia llena de extrañas y preciosistas paradojas, a mitad entre la reflexión filosófica y algo mucho más doloroso, que parece establecer inmediatos vínculos con la idea sobre la pasión y la identidad, tópicos habituales en la obra de Anderson.

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Phantom Thread es un reflejo mesurado e insólito sobre analogías acerca de lo emotivo, la pérdida de la individualidad y los dolores invisibles que Anderson condesa en una serie de espléndidas escenas de enorme sutileza y buen gusto. El director convierte a Woodcock — interpretado por un asombroso Daniel Day-Lewis — en una mirada inquieta y perpetuamente brillante sobre el sufrimiento, idealizando el drama hasta un nivel fantástico que crea un discurso extrañamente sutil. Como si se tratara de un juego de sombras creado con enorme meticulosidad, Phantom Thread asume la labor del artista como algo más profundo e intenso que el mero resultado. Y sin duda, este diseñador de enormes y significativos silencios lo es. Hay algo en el método de Woodcock que contiene una belleza lineal que, a su vez, se manifiesta en un lenguaje propio. En la película de Anderson un vestido no es sólo un vestido, aunque parezca la intención del director, quien elabora una delicadísima reflexión sobre la trivialización de lo cotidiano y lo dota de una simbología muy precisa y emocional. Hay una perfecta discrepancia — un perfecto y remoto paralelismo — entre la sensibilidad exquisita que Woodcock demuestra a través de la mezcla de vulgaridad, el dolor y una notoria angustia existencial que se revela como una metáfora del materialismo moderno. Entre una cosa y la otra, Anderson logra construir un discurso creíble –sin recurrir al sermón sencillo– y asume el riesgo de mostrar la sensibilidad como un atributo extraño y sometido al albedrío de la emoción. Impulsado por la obsesión por la belleza Woodcock — ese avatar casi misterioso de un Anderson en estado de Gracia — representa la ambición como un sufrimiento aciago, puro, de enorme efectividad narrativa. Una historia dentro de una historia, con una profunda cualidad emocional que transforma a lo que podría ser una narración sencilla en una historia de amor — porque Phantom Thread lo es, a pesar de sus vaivenes — de profunda belleza simbólica.

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Ficha técnica:

Título original: Phantom Thread
Año: 2017
Duración: 130 min.
País: Estados Unidos.
Dirección: Paul Thomas Anderson
Guion: Paul Thomas Anderson
Música: Jonny Greenwood
Fotografía: Paul Thomas Anderson
Reparto: Daniel Day-Lewis, Lesley Manville, Vicky Krieps, Richard Graham, Bern Collaco, Jane Perry, Camilla Rutherford, Pip Phillips, Dave Simon, Ingrid Sophie Schram
Productora: Annapurna Pictures / Focus Features / Ghoulardi Film Company. Distribuida por Universal Pictures
Género: Drama | Años 50. Moda

 

 

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Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento, fotógrafa por decisión, escritora por pasión, desobediente por afición. #Geek y amante de la cultura popular.

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