Red Sparrow: sexo, intriga y política

Foto: foxmovies.com

Con una mezcla de primeros planos, contenido sexual y escenas de acción no resueltas, Red Sparrow queda como una historia fallida sobre espionaje

El género de espionaje ha tenido revisiones más o menos novedosas durante la última década, por supuesto, la figura de James Bond — y la mitología que lleva a cuestas — continúa siendo quizás la más visible y, sobre todo, popular en la gran pantalla. No obstante, el agente del servicio secreto inglés abrió las puertas a otras reinvenciones del mito: desde la saga de Jason Bourne (dirigida de manera alternativa por Paul Greengrass, Tony Gilroy, Doug Liman), la ya clásica franquicia Misión Imposible, protagonizada por el incombustible Tom Cruise hasta la sátira Kingsman: The Secret Service (dirigida por Matthew Vaughn), el género del espionaje continúa siendo un perfecto equilibrio entre el suspense y cierto tono político que suele tener un trasfondo mucho más profundo que las piruetas tecnológicas que suelen acompañarle.

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Por eso, no resulta insólito que Red Sparrow, célebre best seller de Jason Matthews, sea la última versión de esa percepción del poder a mitad de camino entre el misterio y una comprensión más retorcida sobre el valor de la información. Después de todo, la historia de Matthews es una conclusión sobre el género de la novela de espionaje llevada a otra expresión y dimensión, pero, además, es una percepción inteligente sobre la tensión del mundo secreto que sostiene una subcultura prácticamente desconocida. La trama enfrenta al ambicioso y recién reclutado espía Nathaniel Nash contra una experimentada agente de inteligencia rusa Dominika Egorova, la célebre ‘Red Sparrow’, conocida por su entrenamiento impecable y el hecho de que, hasta entonces, ha enfrentado misiones imposibles que la convierten en el rostro del nuevo espionaje soviético.

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La historia da trazos amplios y bien construidos entre Moscú, Helsinki, Atenas y Washington y es notoria la manera como Matthews toma elementos no sólo de la tensión argumental que Le Carré imprime a su conocida novela La Gente de Smiley, así como la noción sobre el enfrentamiento entre dos visiones del mundo, que con tanto tino analizó y detalló Fleming en From Russia With Love. No obstante, la habilidad de Matthews como escritor convierte esta novela en una noción mucho más profunda que un simple enfrentamiento entre caras opuestas del poder. Red Sparrow es una caracterización rápida y efectiva no sólo de los hechos y rudimentos políticos que sostienen el mundo del espionaje, sino también una mirada estructural y consistente sobre la violencia amparada bajo la noción ideológica. La novela juega con los extremos y deja los matices para crear una tensión poderosa entre los personajes, que sostiene con asombroso acierto el resto del argumento de la novela.

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La versión del director Francis Lawrence sobre la novela tiene el mismo ritmo y atmósfera extrañamente tensa de su versión literaria, pero carece de su preciso olfato para la acción y la tensión argumental que hizo a la historia — convertida posteriormente en trilogía — un éxito literario. Perversa, levemente angustiosa, pero, sobre todo, decidida a crear una tortuosa visión sobre el bien y el mal sostenida sobre cierto juego de poder sexual y moral, Red Sparrow (2018) es una ambiciosa reflexión sobre los límites éticos que transforman toda visión política en algo más duro que una mera elección ideológica. Pero la película no se detiene demasiado en las sutilezas del argumento original y parece más interesada en la desnudez frontal, violencia sexual explícita, violentas escenas de tortura y toda una serie de recursos efectistas, que convierten a la trama en una mezcla poco clara de acción, suspenso y espionaje sin demasiados aciertos. Claro está que el director conoce lo suficiente a Jennifer Lawrence (que encarna con firmeza a Dominika Egorova) como para lograr de ella una actuación convincente.

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Aun así, existe una disonancia incómoda entre los momentos más duros y crudos — sexualizados y convertidos en símbolos de ese enfrentamiento intelectual y físico entre dos visiones del espionaje — y lo más neutrales que el director no logra sostener como un todo coherente. El tono y el ritmo cambian constantemente, como si Francis Lawrence fuera incapaz de decidir cómo construir un todo conceptualmente sustancial en medio del despliegue de primeros planos de su actriz, contenidos sexuales de asombrosa franqueza y escenas de acción no muy bien resueltas. Incluso el humor — mal combinado con la violencia — parece crear pequeñas grietas en la trama que termina por convertir a Red Sparrow en solo la promesa de una buena película y, sin duda, en una extraña versión de un género que no logra homenajear como fue su intención inicial.

Ficha técnica

Título original: Red Sparrow
Año: 2018
Duración: 139 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Francis Lawrence
Guion: Justin Haythe (Novela: Jason Matthews)
Música: James Newton Howard
Fotografía: Jo Willems
Reparto: Jennifer Lawrence, Joel Edgerton, Jeremy Irons, Charlotte Rampling, Mary-Louise Parker, Matthias Schoenaerts, Joely Richardson, Nicole O’Neill, Sergej Onopko, Sergei Polunin, Kristof Konrad, Simon Szabó, Ciarán Hinds, Thekla Reuten, Joel de la Fuente, Sakina Jaffrey, Douglas Hodge
Productora: Chernin Entertainment / Film Rites / Soundtrack New York. Distribuida por 20th Century Fox
Género: Thriller | Espionaje

Productora: Paramount / FilmNation / Lava Bear Films / 21 Laps Entertainment
Género: Ciencia ficción. Drama | Extraterrestres

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Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento, fotógrafa por decisión, escritora por pasión, desobediente por afición. #Geek y amante de la cultura popular.

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