Sobreviviendo a Picasso

Pablo Picasso, Toro, ca. 1958. Madera contrachapada, madera, clavos y tonillos. 46⅛” x 56¾” x 4⅛”.
Pablo Picasso, Toro, ca. 1958. Madera contrachapada, madera, clavos y tonillos. 46⅛” x 56¾” x 4⅛”.

El MoMa, el museo del Prado y el Museo de Barcelona le rinden homenaje al pintor manchego

Artista. Cubista. Surrealista. Grabadista. Ceramista. Pacifista. Comunista.  Son algunas de las etiquetas que bien que le calzan al pintor español Pablo Ruiz Picasso. También la de esculturista –escultor, apuntarán con cierta ojeriza los más académicos-, que ahora resalta el Museo de Arte Moderno de Nueva York para rendir homenaje al malagueño a propósito de los ciento treinta y cuatro años de su nacimiento.

Picasso sculpture.  Así se llama la exposición que el MoMA ha organizado para mostrar por primera vez en Estados Unidos –al menos en los últimos cincuenta años- y hasta el 7 de febrero de 2016 el trabajo elaborado por Picasso con materiales poco convencionales y en tres dimensiones.

Son 140 maravillas escultóricas, repartidas en diez salas, que realizó entre 1902 y 1964, casi de manera oculta, porque  fue mucho tiempo después que el mundo conoció del inmenso talento que tenía el artista malagueño  en esta disciplina.

Piezas pertenecientes a colecciones privadas –de allí la importancia de la muestra- y de instituciones museísticas de distintas partes del orbe como el Musée National Picasso-Paris,  que accedieron todas a prestar piezas como las caras y cabezas de bronce (1902-1909), que dan inicio a la colección, así como las lúgubres calaveras, que se convirtieron en una de sus grandes obsesiones entre 1939 y 1945, mientras concebía una de sus obras maestras: el Guernica.

Las figuras geométricas que forman parte del período cubista (1912-1915). El enigmático y colorido Insecto (1951) que hizo de cerámica.  La guitarra (1914), que construyó con madera. Y La cabra (1950), con ubres hiperbolizadas, que modeló con sus propios dedos en metal. De distintos materiales, formas, temas y dimensiones. Ni hablar de sus femmes.

Piezas que él solía mantener dispersas en su residencia particular en el sur de Francia, hasta que el Grand Petit Palais decide ventilarlas en su Hommage á Picasso.

Grandes joyas  inspiradas, ha dicho Ann Temkin, comisaria de la exposición,  en la colección de arte africano del Musée d’Ethnographie du Trocedéro, en París, que Picasso visitó por primera vez en el verano de 1907, y que terminaron por moldear sus ideas. Sus imágenes. Sus lienzos. Sus esculturas, que elaboró casi de manera empirista –otra etiqueta- o autodidacta gracias a su fascinación por las culturas africanas y oceánicas.

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Vivo retrato de ello son precisamente Las Señoritas de Avignon , que el Grand Palais muestra hasta el 29 de febrero de 2016 en París junto con el Guernica y algunas obras de David Hockney, Jasper Johns, Roy Lichtenstein, Andy Warhol, Jean-Michel Basquiat y hasta Jeff Koons, que están inevitablemente vinculadas al maestro cubista. Que sobrevivieron a Picasso.

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Simón Villamizar

Simón Villamizar

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La lupa de Simón siempre ha sido famosa por apuntar a la dirección indicada, dando voz a los que próximamente están por brillar. La cultura, el arte y el espectáculo bajo una pluma de peso.

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