Tully: una mirada complaciente a la maternidad

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La película, involuntariamente, completa una trilogía sobre la maternidad, escrita por Diablo Cody y dirigida por Jason Reitman

El cine suele idealizar o dramatizar la maternidad, convirtiéndolo en un acto de heroísmo o en el peor de los casos, en un estudio humorístico sobre las vicisitudes de la madre como parte de una idea superficial acerca del tema. Desde madres corajes como la ya icónica Shirley MacLaine en Terms of Endearment (James L. Brooks, 1983) y Sally Field en Steel Magnolias (Herbert Ross, 1989) hasta la moderna Erin Brockovich, de Steven Soderbergh (2000) y las pequeñas aventuras burlonas de las Bad Moms de Jon Lucas y Scott Moore (2016), la figura de la madre atraviesa una constante transformación hacia una percepción incompleta sobre la maternidad y, sobre todo, de sus implicaciones.

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Tal vez por ese motivo, Tully, (de la dupla Jason Reitman y Diablo Cody, director y guionista respectivamente de Juno y Young Adult) intenta ser una excepción al modelo usual de madre cinematográfica, sin lograrlo del todo. Con su tono de tragedia que cree que es una comedia sin demasiada gracia, también intenta reflejar a la madre moderna. Sólo que, en esta ocasión, con todo los achaques y dolores de una posmodernidad en la que el habitual homenaje a la figura maternal queda reducido a un mal chiste.

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Charlize Theron, protagonista del filme, encarna a Marlo, personaje que, desde la primera escena, deja muy claro que intenta mantener un precario equilibrio entre ser madre de un par de niños inquietos, un embarazo en apariencia complicado, y un marido ausente. Todo aderezado por un ambiente familiar que resulta claustrofóbico.

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Para el guión, parece de enorme importancia dejar muy claro que Marlo no sólo lidia con la maternidad desde sus dolores y pesares, sino a través de cierto humor negro retorcido que da a entender que está furiosa, harta y que muy probablemente, el papel de madre no es otra cosa que un peso considerable sobre sus hombros.

Porque Tully no es una reflexión sobre la madre, el amor filial ni mucho menos las complejas relaciones intrafamiliares que sostienen las usuales películas que se han hecho sobre el tema, sino una historia que muestra lo doméstico — o lo intenta, al menos — desde su lado más inquietante y desagradable. En resumen, una especie de reflexión estrafalaria sobre los estándares imposibles y desesperados que la madre actual debe cumplir y que se imponen casi a la fuerza.

La cinta es una interpretación un poco torpe sobre los roles de género, aderezada por la llegada de Tully (Mackenzie Davis, de Halt and Catch Fire), una enfermera nocturna encargada de ayudar a las madres agotadas. La química entre Davies y Theron no es lo suficientemente fuerte para sostener la trama y la película atraviesa baches argumentales que afectan su coherencia y solidez. Eso, a pesar de los esfuerzos de las actrices por mostrarse empática y cercanas.

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Con todo, el guión insiste y Tully termina convertida en una mirada complaciente sobre la amistad femenina tan tópica como aburrida. Una decepción menor de lo que pudo ser una visión intuitiva sobre un tema del que quizás, ya se ha dicho demasiado.

Ficha técnica

Título original: Tully
Año: 2018
Dirección: Jason Reitman
Guion: Diablo Cody
Reparto: Charlize Theron, Mackenzie Davis, Mark Duplass.

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Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento, fotógrafa por decisión, escritora por pasión, desobediente por afición. #Geek y amante de la cultura popular.

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