Winchester: todas las caras del terror

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Con una combinación desconcertante, Winchester se transforma en toda una sorpresa para un género en el que ya no parecen existir grandes hazañas

La obra cinematográfica de los hermanos Spierig medita sobre lo sobrenatural y la violencia desde cierto ámbito intimista. Desde su primer corto The Big Picture (2000)  — una extrañísima visión sobre el sustrato de la realidad y el desarraigo moderno —  hasta Jigsaw (2017) — la más reciente reinvención de la ya clásica saga Saw—  los directores han demostrado que el análisis sobre la incertidumbre, el terror y lo que lo produce va más allá del sobresalto lineal. En Winchester (2018) los hermanos utilizan el drama histórico y una tradicional historia norteamericana de fantasmas para analizar fundamentos de la cultura y la sociedad con una habilidad sorprendentemente eficaz. Utilizando el terror como telón de fondo, los Spierig reflexionan sobre el dolor, la soledad y el miedo sensorial sin caer en los inevitables excesos del cine de género y con la evidente intención de convertir la historia en una meditada mirada sobre la cultura de la violencia.

Foto: rottentomatoes.com
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Por supuesto, también se trata de un retroceso en el cine de terror actual y uno que convierte al film en un cuidado homenaje involuntario a las viejas producciones Hammer, con las que guarda directa relación por su lujosa puesta en escena y su producción histórica precisa que la dotan de una rara personalidad ambigua. Por un lado, se trata de un drama muy concreto que medita sobre el terror como parte de la naturaleza humana, la culpa y la responsabilidad emocional  — la vieja culpa del pasado que parece gravitar sobre cada uno de sus personajes —  y una visión histórica sobre el terror. Con su estilo contenido, atemporal y brillante, Winchester se asume así misma como una búsqueda cuidadosa sobre la razón del miedo — como hecho cultural — pero también, como un reflejo de cierto pensamiento social sobre la raíz del terror. Con sus fastuosos escenarios barrocos y su aire recargado,  la película logra sostenerse sobre un guión con evidentes baches que se equilibra gracias a una persistente conciencia sobre sí misma.

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El guión de Tom Vaughan, toma el tradicional cuento de horror norteamericano  — la casa Winchester y su historia ha formado parte de la cultura popular del país por casi un siglo y medio —  y lo transforma en una cuidadosa alegoría sobre lo absurdo, el temor y la pérdida que funciona gracias a que mantiene un discurso sobre lo terrorífico de la muerte y la incertidumbre de lo sobrenatural. La historia, alejada de los clichés habituales del género y más cercana al terror contenido de los años sesenta  — lo que la emparenta directamente con el éxito reciente La dama de negro (James Watkins,  2012) —  cuenta la historia de Sarah Winchester  — interpretada por una comedida Helen Mirren —  una mujer traumatizada por la historia de su familia, que construye una casa a la medida de sus ambiciones, temores, perfecta para la expiación de la culpa y el pecado. La casa nunca termina de construirse y es un laberinto de puertas que no conduce a ninguna parte sino que se conectan entre sí de manera absurda; una casa que también alberga historia sangrienta que se multiplica a medida que el terror se transforma en un reflejo del dolor colectivo. Sarah agrega habitaciones e historias, para convertir en la casa en un templo al horror de los crímenes supuestamente cometidos por su familia y, en su afán de redención, transforma a la mansión Winchester en una perfecta heredera de lo siniestro. La historia es una comedida reinvención de la casa embrujada de Shirley Jackson que además está elaborada desde la perspectiva del miedo como reducto sombrío del espíritu. Como si de un parásito descomunal se tratara, la mansión se extiende y se abre como una puerta hacia el misterio y, también, como una encarnación de un tipo de sufrimiento emocional difícilmente comprensible. Quizás uno de los puntos bajos de la película es su incapacidad para relatar con propiedad el tránsito entre el dolor real de Sarah y su evolución hacia algo más siniestro. Con todo, la historia se toma en serio el relato central y enfoca sus esfuerzos en construir un dilema emocional profundo que resulta válido en medio de la contenida atmósfera del guión.

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Como una curiosa pieza de orfebrería, Winchester asombra por la forma en que reflexiona y dramatiza sobre el miedo y el dolor a partes iguales: Sarah Winchester  — guardiana de los secretos familiares convencida de que debe expiar sus culpas para encontrar la paz —  se transforma en una metáfora del terror como ese lugar oscuro de nuestra mente. Una alegoría válida que la mansión  — tramposa, aterradora e hipnótica —  refleja en todo su esplendor.

Ficha técnica

Título original: Winchester
Año: 2018
Duración: 99 min.
País: Australia
Dirección: Michael Spierig,  Peter Spierig,  The Spierig Brothers
Guion: Michael Spierig, Peter Spierig, The Spierig Brothers, Tom Vaughan
Música: Peter Spierig
Fotografía: Ben Nott
Reparto: Helen Mirren,  Jason Clarke,  Sarah Snook,  Angus Sampson,  Emily Wiseman, Laura Brent,  Tyler Coppin,  Dawayne Jordan,  Jeffrey W. Jenkins,  Thor Carlsson, John Lobato,  Xavier Gouault,  Jeff Lipary,  Finn Scicluna-O’Prey,  Homero Lopez
Productora: Blacklab Entertainment / Imagination Design Works
Género: Terror. Thriller | Casas encantadas. Fantasmas

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Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento, fotógrafa por decisión, escritora por pasión, desobediente por afición. #Geek y amante de la cultura popular.

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